Manizales. Agosto de 2024
Carta a la Muerte
Qué caprichosa eres. ¿Por qué te llevaste a mi Gaby, si tenía tantos sueños, tantas ilusiones y tantas ganas de vivir? Sus proyectos eran reales, sus metas estaban claras. ¿Quién eres tú? ¿Quién te envió? ¿Quién te dio este trabajo, o acaso te mandas sola y haces lo que se te da la gana?
Cuántos te rechazan, y tú llegas. Cuántos te anhelan, y les huyes. ¿Acaso existe algún pacto contigo?
No sé qué sentir por ti. Debería odiarte por llevarte a mi Gaby, pero también quiero ser tu amigo, para que cuando llegues por mí, me lleves al mismo lugar, sin desviar el camino, sin dejarme en otra parte.
He escrito esta carta varias veces y siempre termino desechándola. Me resulta difícil hablarte. ¿Quién quiere hablar contigo cuando acabas de llevarte lo más preciado que teníamos, y sin previo aviso? Actuaste de manera silenciosa, sin dejarte ver ni presentir. Nadie imaginaba que esa noche estarías a nuestro lado, acompañándonos. ¿Por qué la elegiste a ella?
No sé cómo despedirme sin excederme. Solo quiero decirte una cosa: no existes. Tú crees que sí, pero parece que no te conocemos bien. Porque si el amor vive, entonces nuestros hijos viven con él, en el lugar donde estén. Lo único que haces es cambiarles de hogar, pero estoy seguro de que, en algún momento, nos volveremos a ver.
Carta al Tiempo
Hola, Tiempo,
A pesar de que siempre eres el mismo, te deslizas de formas tan distintas: a veces lento como un suspiro, otras veces fugaz, como un parpadeo. Nos dicen que eres lo más valioso, que vales más que cualquier tesoro, y, aun así, te desperdiciamos sin reparo.
Quisiera que pudieras retroceder, que tu curso no fuera siempre hacia adelante, imparable. Pero esa no es tu naturaleza; solo sabes avanzar, sin detenerte jamás.
Dicen que lo curas todo, pero no veo en ti manos sanadoras ni sabiduría divina. ¿Cómo logras entonces, supuestamente, sanar lo que duele? Tal vez, al final, no seas la cura; quizá la verdadera sanación venga de otra parte.
Si eres quien regula el paso de los días, ¿por qué llegaste tan deprisa para Gaby? ¿Por qué no detuviste tu andar, permitiendo que la muerte se retrasara? Hubiera querido negociar contigo, ofrecerte un intercambio de tiempo entre Gaby y yo, pero ni la Vida, ni la Muerte, ni el mismo Dios quisieron aceptar nuestro ruego.
Solo me queda la esperanza de que, de alguna manera, puedas sernos útil en este proceso. He oído que no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. Y, sin embargo, eres tan difícil de comprender… La Tierra tiene 4,600 millones de años, y, sin embargo, fue creada en solo seis días. Así, una vida plena puede durar solo un instante, mientras que un minuto de dolor puede parecer una eternidad.
Ojalá un día pueda entenderte y hacer que juegues a nuestro favor. Mi Gaby merecía más tiempo, pero tú no entiendes de merecimientos, no escuchas súplicas. Solo sigues adelante, sin mirar atrás. Y quien no te aprovecha, te pierde para siempre.
Carta al Amor
Creo que siempre has estado en mi vida. Me permitiste crecer en una casa donde reinabas por encima de las dificultades, y poco a poco fuiste llenando cada espacio, sabiendo que te necesitaríamos en cada momento.
Luego me diste el privilegio de compartirte con una mujer maravillosa, con quien formamos un hogar lleno de ti. Tienes una habilidad extraordinaria: por más que te damos, por más que te compartimos, nunca te agotas. Al contrario, cuanto más te entregamos a los demás, más nos llenas a nosotros mismos.
Y cuando parecía que no podíamos sentir más Amor, nos sorprendiste con lo mejor: nuestra Gaby. Es imposible no estar agradecido contigo. Nos permitiste conocerla, amarla, abrazarla, disfrutar de su compañía en cada paso que dimos juntos.
Ni el tacaño tiempo ni la caprichosa muerte pudieron vencerte. Sigues más vivo que nunca. Tú eres quien da valor al tiempo; sin ti, no es nada. Le quitas poder a la muerte, porque no puede destruirte. Eres lo que nos mantiene firmes, lo que nos permite seguir adelante después de la partida de nuestra hija. Porque, siendo coherente con lo que digo, no la hemos perdido: su Amor sigue vivo, indestructible como tú.
Espero poder honrarte cada día un poco mejor, y que, en honor a Gaby, podamos vivir y convivir contigo plenamente. Permítenos seguir compartiéndote con quienes aún estamos aquí, y con nuestra adorada Gaby, por supuesto.
Sigue haciendo tu trabajo: dale valor al tiempo y mantén a la muerte bajo tu dominio.
Atentamente
Carlos Andrés Cardona
Papá de Gabriela Cardona Naranjo el Amor de mi vida