Lilia Reyes, mamá de Camilo Ernesto, nos comparte las tres cartas.

LAS TRES CARTAS

Carta a la Muerte

Bogotá, agosto 12 de 2024

Hola señora Muerte.

Hoy quiero invitarte a tomar un café. Sé que por mucho tiempo te he ignorado y más que eso, no quisiera verte por lo que has hecho con Camilo, mi hijo. Viniste y te aprovechaste que estaba solo y me lo arrebataste. Te cogí odio, mucho rencor. Pero a través de estos 5 años he aprendido que esa es tu misión. Que la cumples a cabalidad, según la voluntad del ser Supremo, tu jefe. Lo haces con justicia, porque no te detienes a pensar si quien está de turno es joven, es viejo, es pobre, es rico, es bueno, es malo o tiene la etiqueta que la sociedad y cada quien le dá. Igual, llegado su momento, lo tomas y lo llevas contigo.

Tomémonos un café y hablemos de tú a tú. Dime cómo será el momento en que llegues a mi, cómo será ese momento definitivo en que me digas: Suelta todo lo que tienes y acompáñame a tu morada final. ¿Serás benévola conmigo, serás dramática, serás jocosa, serás imparcial, qué cara me harás? Dime cuál será tu actitud conmigo. ¿De algo me valdrá esta charla? O simplemente lo harás con esa frialdad con que desempeñas tu trabajo … pero si en algo sirve que te platique en este día, me gustaría saber si en vez de un café te gustaría disfrutar un buen vino para celebrar nuestro encuentro. Vale la pena, ¿verdad?

En este caso, el brindis será por varios motivos: Porque al fin te puedo mirar, te puedo hablar; porque ya hice las paces contigo y eso ya es ganancia; porque podemos celebrar la vida, mi vida y también tu existencia, ya sin odios ni rencores y con el corazón dispuesto a ser sinceras, como dos viejas amigas, hasta se me ha ocurrido llamarte cariñosamente “Parquita”. Y también porque hoy es una fecha especial: Las dos vamos a ser las mejores amigas de aquí en adelante.

Valga la pena disculparme contigo porque siempre te ignoré, aún sabiendo que en todo momento estabas conmigo, que eres lo único real que tengo en mi vida. Nada ni nadie más seguro que tú, mi querida Parquita. Y tan firme y tan leal, que estarás acompañándome hasta que el último suspiro de mi vida me abandone. ¿Entonces por qué no irnos haciendo a la idea de que podemos disfrutar juntas de todos los momentos bellos de la vida? Tú en tu rol y yo en el mío. Hasta que el Creador me llame a cuentas y seas tú la encargada de hacerle mi presentación.

Para ese momento te pido que seas buena gente, mi Parquita. Dale buenas referencias mías, acuérdate de este brindis y dile que en esta vida hice méritos para estar en santa paz por los siglos de los siglos.

No te quito más tiempo, porque sé lo ocupada que andas. Espero que acudas a mi cita, antes que sea yo quien deba acudir a la tuya.

Un abrazo grande, mi nueva mejor amiga, mi querida Parquita.

Respetuosamente,

Tu amiga Lilia, la mamá de Camilo Ernesto.

Carta al Tiempo

Hola señor Tiempo.

Sé lo esquivo que eres y lo difícil que es encontrarte; Pero aún así me atrevo a escribirte estas líneas, porque al hacer un alto en el camino te he encontrado y no precisamente por casualidad.

Reconozco que a veces no te valoro, como en otras ocasiones lo hice. Estaba segura que contaría contigo para toda la vida y para disfrutar la vida de mis hijos. Pero en medio de tu fugacidad me enseñaste que te tuve entre mis manos y te dejé ir. Me golpeaste muy fuerte cuando decidiste abandonar a mi hijo Camilo. No me diste señas de que debías partir y lo dejaste sólo, ahí en esa cama, sin avisar, ni aún sabiendo que no se podía levantar a caminar. Fuiste despiadado, te esfumaste, literalmente en un suspiro. Y aliado con la señora muerte te llevaste a mi hijo.

No, no debería ni hablarte por la indignación que sentí en aquel momento, pero ya después de andar contigo, después de la partida de Camilo, me he dado cuenta que eres muy valioso y ahora reconozco, a regañadientes, que debo aprovecharte de la mejor manera. Te cuento que cada amanecer para mí es ganancia y eres tú ese regalo precioso que no debo desperdiciar. Que te debo sacar el jugo en cada momento de mi vida, en cada palpitar de mi corazón, en cada oración que elevo al cielo y en cada encuentro con el que llora, el que sufre o el que ríe.

Gracias a ti puede ver que puedo ser cada vez una mejor versión de mí misma y que mientras te tenga en mi vida puedo hacer cosas para mí, para mi familia y para la sociedad. Agradezco tu generosidad, pues esa parte de ti, mi querido tiempo, que no pude compartir con Camilo, hoy la puedo entregar a otras personas que lo necesitan. Aunque te confieso, a veces me cuestan muchas lágrimas interactuar con chicos de la edad de mi hijo, que acuden a mí para sentirse acogidos, comprendidos y refugiados. Pero tú te encargas de darles la razón y acompañarlos hasta que sanen sus heridas o también a que le den significado a sus alegrías e ilusiones.

Te digo esto, querido tiempo, no para que te vuelvas engreído, sino para que veas lo importante que eres en la vida de las personas y que lamentablemente sólo reconocemos tu valor después de haber pasado por una situación límite. Yo le llamaría haber tocado un fondo profundo, pero que en realidad era lo que se necesitaba para aprender a valorarte.

Espero, mi apreciado tiempo, que sigas cumpliendo tu misión en este mundo y que me acompañes a dar testimonio de lo importante que es agradecer por cada segundo de vida y por cada instante compartido con nuestros semejantes. Esto es lo que vale oro.

Con sentimientos de consideración y aprecio.

Tu amiga, Lilia, mamá de Camilo Ernesto.

Carta al Amor

¡Amor… amor … amor!

Con sólo nombrarte el corazón me palpita más fuerte y es porque estás ahí; estás metido en lo profundo de mi alma, en lo infinito de mis pensamientos y en la ternura de mi corazón.

Amor, perdóname porque no te había escrito antes, ni me había comunicado contigo, pero a veces así soy yo: A quien más amo, menos se lo digo; doy por hecho que ya lo sabe. Pero de vez en cuando es preciso decir lo que siento, por evidente que parezca. Y hoy es el turno para ti, Amor mío, amor puro y sincero.

Amor, eres el único que no me ha abandonado después de la muerte de Camilo. Eres lo más puro y lo más fiel que he conocido hasta entonces. Sobre todo por el rol que ocupas entre Camilo y Yo.  Eres ese vínculo que permanece y permanecerá por siempre, como símbolo de unión eterna entre una madre y su hijo.

Amor, debo agradecerte por permanecer conmigo, aún en los peores momentos de mi existencia; quiero que sepas que por ti he decidido darle un nuevo propósito a mi vida. Que si no fuera por ti, tal vez ya no estaría en este mundo; pero por tu gracia mi vida hoy tiene un nuevo significado y eres quien me orienta para seguir luchando y tomando las grandes decisiones que he tomado y que en verdad han sido de mucha bendición, pues bien sabes que ahora soy un referente, por lo menos para la familia.

Te debo tanto, mi Amor. Te debo todo lo que soy. Sin ti, mi vida no tendría sentido. Porque eres tan grande, que alcanzas para mucho. Eres el vínculo que también me une a mi esposo, a mi hija Carolina y a mi hijo Carlos Eduardo. Bien sabes que mis tres hijos son el fruto del amor entre mi esposo y yo. Amor, contigo a nuestro lado, la vida ha sido más amable y hemos podido avanzar en nuestro caminar porque tú estás presente, acompañándonos y celebrando nuestras alegrías; pero también acompañándonos e inspirándonos en nuestras dificultades y alentándonos cuando nos sentimos derrotados. Eres tú quien me orienta, aunque todo parezca oscuridad y eres quien me alienta en mis noches de dolor.

Amor, te admiro porque eres fuerte, tan fuerte que ni siquiera la muerte te puede derrotar; eres el baluarte de mi vida entera y eres el refugio para mi alma herida. Eres calma en mis tempestades y   consuelo en mis angustias; eres todo, todo lo que quiero. Te amo, te amo, estoy enamorada de ti, mi gran Amor, amor de mi vida.

Quisiera encontrar las palabras más bellas que existen para referirme a ti, pero en este momento mi inspiración sólo da para estas cortas frases que brotan de lo profundo de mi corazón y espero que comprendas lo que siento por ti y que ojalá nunca me abandones.

Amor, te cuento que en casa todos los días hacemos cosas por alimentarte. Cultivamos el diálogo y la comprensión y eso se convierte en tierra fértil para que cada día des los frutos que con generosidad nos ofreces. Es muy lindo cosecharlos y esta cosecha se ve reflejada cada año en la reunión que hacemos en familia, sin importar que sus integrantes deban desplazarse de un continente a otro. Pero todo por la fuerza que nos das, porque cada día eres más generoso y benévolo. No sé cómo agradecerte por todo ello, mi Amor amado.

Sólo espero que me sigas acompañando, que sigas viviendo en mi corazón y que con el paso del tiempo continúes firme como siempre, acompañándome en todo momento como lo has hecho hasta ahora. Que me sigas ofreciendo esos bellos momentos de alegría y que en nombre de ti, mi bello amor, pueda cumplir la misión que tengo en este mundo.

No quisiera despedirme, porque es muy agradable disfrutar de tu presencia; pero el tiempo a veces es esquivo y sólo permite estos instantes de placer, junto a ti, el más bello sentimiento que me embarga y por el cual estoy dispuesta a luchar hasta el fin de mis días.

Quien te ama,

Eternamente tuya,

Lilia, la mamá de Camilo Ernesto.